
San Agustín de Hipona
Erick B. Hernández Martínez
Erick B. Hernández Martínez
San Agustín, nació en Tagaste, Algeria, al norte de África, justo en las costas del mar Mediterráneo, en el año 354 d.C. Sus padres fueron Patricio y Santa Mónica, la cual a través de la oración al Padre y con el propio ejemplo logró la conversión primero de su esposo y luego de su hijo. Era un joven inteligente, lleno de muchas inquietudes por el conocimiento filosófico, lo cual le llevó a perderse entre una serie de creencias que desviaron su vida y sus pensamientos. Inició una vida de excesos y libertinaje desde una edad muy temprana.
La conversión de Agustín ocurrió una vez que se fue a vivir a Milán, en donde a la escucha de los sermones de San Ambrosio su corazón empezó a reconocer la voz del Padre que le invitaba a retornar a Él, sin embargo nuestro santo se debatía entre el sentir del corazón y los recuerdos de una vida llena de lujuria y desenfreno. Cuando alcanzó la edad de 32 años, en medio de una de sus tantas luchas, clamó a Dios con todo su corazón a fin de terminar con esta vida perniciosa que le apartaba cada vez más de su Señor, y entre el copioso lamento conducido por el recuerdo de sus pecados, escuchó la voz de un niño que le decía: “Toma y lee, toma y lee”, a partir de ahí Agustín inició un cambio de vida radical, su encuentro con Cristo había llegado y no había más la necesidad de volver a atrás.
La conversión de Agustín ocurrió una vez que se fue a vivir a Milán, en donde a la escucha de los sermones de San Ambrosio su corazón empezó a reconocer la voz del Padre que le invitaba a retornar a Él, sin embargo nuestro santo se debatía entre el sentir del corazón y los recuerdos de una vida llena de lujuria y desenfreno. Cuando alcanzó la edad de 32 años, en medio de una de sus tantas luchas, clamó a Dios con todo su corazón a fin de terminar con esta vida perniciosa que le apartaba cada vez más de su Señor, y entre el copioso lamento conducido por el recuerdo de sus pecados, escuchó la voz de un niño que le decía: “Toma y lee, toma y lee”, a partir de ahí Agustín inició un cambio de vida radical, su encuentro con Cristo había llegado y no había más la necesidad de volver a atrás.
Agustín aprovechó los talentos otorgados por Dios, su sabiduría e ingenió, y escribió un sin número de obras, sermones, y cometarios sobre los salmos, libros de la Biblia, cartas, ensayos, etc. Fue pronto reconocido por muchos cristianos como un hombre nuevo, como un verdadero cristiano. En el año 387 fue bautizado y se consagró, al ayuno, la oración, la reflexión e instrucción de su familia y amigos. Partió a África. Poco tiempo después murieron su hijo y su madre, y él regresó a Hipona, en donde el obispo Valerio, lo consagró e hizo su asistente en el 391. En el año 395, Agustín fue declarado obispo coadjuntor de Valerio, y lo sucedió una vez que este había fallecido. Agustín fue obispo hasta el día de su muerte en el año 430. Su vida es ejemplo de conversión, de amor inflamado por el resucitado, de celo por el Evangelio, y sin lugar a dudas de búsqueda incesante del descanso que sólo encuentra el corazón cuando se siente ante la presencia de su Señor.
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